La enfermedad degenerativa del disco (EDD) es una afección en la que los discos intervertebrales se rompen gradualmente, provocando dolor, rigidez y una menor flexibilidad en la columna vertebral. Aunque la EDD está influenciada por factores como el envejecimiento, el estrés mecánico, la obesidad, la inflamación, los traumatismos y la genética, no se conoce bien el mecanismo exacto que desencadena la enfermedad. En los últimos años, los científicos han comenzado a mirar hacia el intestino como una posible causa de la EDD.
El microbioma intestinal es una comunidad diversa de billones de microorganismos, incluyendo bacterias y hongos, que viven en el tracto digestivo y desempeñan un papel crucial en nuestra salud en general. Los tipos de bacterias que componen el microbioma intestinal dependen principalmente de nuestro estilo de vida, en particular los alimentos que consumimos. Las bacterias que se desarrollan con alimentos ricos en vitaminas, nutrientes y fibra tienden a tener un efecto positivo en el cuerpo. Por otro lado, las bacterias que dependen de los alimentos procesados y los azúcares añadidos (y otros alimentos “no saludables”) suelen tener un impacto negativo. Cuando hay demasiadas bacterias “malas” presentes, puede provocar una serie de problemas relacionados con la digestión, el estado de ánimo, la función inmunológica, y más.
Algunos investigadores proponen que el incremento de la permeabilidad intestinal (intestino permeable), desencadenado por un desequilibrio de las bacterias intestinales, puede permitir que las toxinas bacterianas entren en la circulación, promoviendo una inflamación sistémica que podría contribuir a la degeneración del disco intervertebral. A largo plazo, las continuas respuestas inflamatorias pueden ser perjudiciales para los tejidos corporales, incluidos los discos intervertebrales. Un estudio del 2024 que analizó muestras de heces de 60 adultos (40 con EDD) encontró que las personas con EDD tenían una mayor concentración de bacterias intestinales vinculadas a la inflamación sistémica, lo que sugiere una posible relación entre la salud intestinal y la degeneración del disco. Otro estudio, también publicado en el 2024, llegó a una conclusión similar en pacientes que sufrían dolor regional y crónico.
Se necesita más investigación antes de que las pautas de tratamiento para la EDD puedan actualizarse para incluir el tratamiento de la disbiosis en el microbioma intestinal como parte de un plan de tratamiento multimodal para la EDD. Sin embargo, dados los diversos beneficios positivos vinculados a la mejora de la salud intestinal, puede que merezca la pena intentarlo de todos modos. Las estrategias para mejorar la salud intestinal incluyen adoptar una dieta de estilo Mediterráneo, incrementar el consumo de fibra dietética, consumir alimentos fermentados (p. ej., yogur, kimchi, chucrut), evitar los alimentos procesados, ejercitarse regularmente, mantenerse hidratado, controlar el estrés, evitar el consumo excesivo de alcohol, y dormir bien. La atención quiropráctica para la EDD suele incluir ajustes de la columna vertebral, técnicas de movilización y terapias de tejidos blandos destinadas a mejorar la movilidad de las articulaciones, reducir la tensión muscular y tratar los desequilibrios biomecánicos que pueden contribuir a la degeneración del disco.